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	<title>Collage Cultural</title>
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	<description>&#34;No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.&#34; Oscar Wilde</description>
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		<title>Ganándole al sistema: Desayuno de Quinua</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 15:17:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marko Bremer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pragmático]]></category>
		<category><![CDATA[congelar]]></category>
		<category><![CDATA[delicioso]]></category>
		<category><![CDATA[desayuno]]></category>
		<category><![CDATA[enocómico]]></category>
		<category><![CDATA[fácil]]></category>
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		<description><![CDATA[Nada más rico que cocinarse uno sus propias cosas, no? El problema es que a veces no hay tiempo ni ganas, entonces la paja se impone y las corporaciones se regocijan&#8230; Por eso tanto Starbucks, McDonald&#8217;s, Castaño y weaas por el estilo. En una ciudad como Santiago es inevitable, el tiempo es oro, entonces más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Nada más rico que cocinarse uno sus propias cosas, no? El problema es que a veces no hay tiempo ni ganas, entonces la paja se impone y las corporaciones se regocijan&#8230; Por eso tanto Starbucks, McDonald&#8217;s, Castaño y weaas por el estilo. En una ciudad como Santiago es inevitable, el tiempo es oro, entonces más vale ahorrarse media hora y comprar algo a la rápida en el camino, porque es obvio que siempre se va a encontrar algo. Ahora bien&#8230; Qué tan buen negocio es realmente?</p>
<p style="text-align: justify;">En esta ocasión no voy a hacer un análisis comparativo-financiero de la cuestión, que quizás sería una excelente idea para más adelante, solamente quiero comentar la posibilidad de un camino alternativo en cuanto a lo que se refiere a la alimentación en nuestras condiciones de vida (esto es, viviendo en una ciudad con prisa).</p>
<p style="text-align: justify;">Hace mucho tiempo recuerdo haber leído en <a href="http://lifehacker.com/">Lifehacker</a> (tremenda página) de una familia gringa que se las arreglaba viviendo bastante bien con un presupuesto mensual muy estrecho, lo lograban siendo muy organizados (obvio), pero un pilar importante de su economía era la posibilidad de cocinar hartas cosas a la vez y dejarlas congeladas. Así iban a la feria unas cuantas veces al mes, cocinaban cantidades industriales de comida, y luego las almacenaban en porciones individuales dentro de un freezer dedicado específicamente para ello. De esta forma ahorraban dinero y tiempo, tanto en las compras como en la cocina.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo y mis partes obsesivo-compulsivas esperamos la oportunidad para poner en práctica el asunto, tanto por las razones económicas (me gasto demasiada plata en comida chatarra por no llevar desde la casa) como por razones de placer-salud (qué rico comer bien todos los días no?). Entonces, una vez eclosionado del huevo del hogar materno, apenas tuve la cocina instalada me dediqué a experimentar con cosas que había estado revisando en internet. Recordando a esta familia gringa, me puse a buscar alternativas simples para comenzar y me encuentro con <a href="http://cathiefilian.blogspot.com/2012/03/recipe-how-to-make-frozen-oatmeal-at.html#more">esta receta</a> para hacer un desayuno de avena lista congelada: poner en el microondas y listo, desayuno rico, rápido, barato y natural.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero encontré que avena sola era muy fome, por lo mismo fue la raja encontrarme con <a href="http://www.101cookbooks.com/archives/warm-and-nutty-cinnamon-quinoa-recipe.html">esta otra receta</a> de un desayuno de quinua, berries y nueces&#8230; No fue muy difícil, es la primera del listado de google en &#8220;quinua breakfast&#8221; -a todo esto, el sitio de la receta es buenísimo-. Este receta nada hablaba de congelar, tampoco andaba con berries en mi casa, pero una de las weaas más la raja de la cocina es experimentar, así que me lancé.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquí comparto la receta pal que quiera hacerla:</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.collagecultural.org/wp-content/uploads/2012/03/P1040777.jpg"><img class="size-medium wp-image-289  aligncenter" title="Desayuno quinua" src="http://www.collagecultural.org/wp-content/uploads/2012/03/P1040777-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<h3 style="text-align: left;"><span style="text-decoration: underline;">Ingredientes:</span></h3>
<ul style="text-align: left;">
<li>1 taza de quinua lavada</li>
<li>1 taza de leche</li>
<li>1 taza de agua</li>
<li>1/2 taza de miel de ulmo</li>
<li>1/2 taza de salvado de trigo</li>
<li>1/2 taza pasas rubias</li>
<li>1/2 taza pera (ojalá bien madura)</li>
<li>1/2 taza pistachios</li>
<li>canela a gusto</li>
</ul>
<h3><span style="text-decoration: underline;">Procedimiento:</span></h3>
<ol>
<li>En una olla a fuego fuerte echar la leche, el agua y la quinua</li>
<li>Cuando hierva, agregar la miel y la canela</li>
<li>Cuando los granos de quinua estén blandos y la mezcla espesa, apagar el fuego</li>
<li>Dejar enfriar unos cinco minutos</li>
<li>Agregar la pera, las pasas y los pistachios</li>
<li>Disfrutar!</li>
</ol>
<h3><span style="text-decoration: underline;">Congelamiento y reanimación:</span></h3>

<a href='http://www.collagecultural.org/?attachment_id=290' title='A congelar!'><img width="150" height="150" src="http://www.collagecultural.org/wp-content/uploads/2012/03/P1040781-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="A congelar!" title="A congelar!" /></a>
<a href='http://www.collagecultural.org/?attachment_id=291' title='Quinua congelada'><img width="150" height="150" src="http://www.collagecultural.org/wp-content/uploads/2012/03/P1040782-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="Quinua congelada" title="Quinua congelada" /></a>
<a href='http://www.collagecultural.org/?attachment_id=289' title='Desayuno quinua'><img width="150" height="150" src="http://www.collagecultural.org/wp-content/uploads/2012/03/P1040777-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="Desayuno quinua" title="Desayuno quinua" /></a>
<a href='http://www.collagecultural.org/?attachment_id=298' title='quinua'><img width="150" height="150" src="http://www.collagecultural.org/wp-content/uploads/2012/03/quinua-150x150.png" class="attachment-thumbnail" alt="quinua" title="quinua" /></a>

<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El proceso de congelamiento &gt; almacenado &gt; descongelamiento. Debo decir que el sabor no sufrió en lo más mínimo. Fue entre un minuto y medio y dos en el microondas a máxima potencia y la maravilla estaba disponible para ser engullida. Fácil, rápido y delicioso!</p>
<p style="text-align: justify;">La última imagen es la información nutricional para una sola porción, noten la cantidad de proteínas que tiene! (La imagen fue generada en el sitio <a href="http://www.wolframalpha.com">Wolfram Alpha</a>, échenle una mirada, porque es espectacular!)</p>
<p style="text-align: justify;">Voy a seguir experimentando con este tipo de alimentación. A ver si me motivo a cotizar los lugares más baratos para comprar estos alimentos y hacer una comparación nutricional  y económica con productos similares en el mercado. Chau!</p>
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		<title>El crisol vacío</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 04:22:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marko Bremer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literario]]></category>
		<category><![CDATA[aburrimiento]]></category>
		<category><![CDATA[ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[depresión]]></category>
		<category><![CDATA[gris]]></category>
		<category><![CDATA[paja]]></category>
		<category><![CDATA[soledad]]></category>

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		<description><![CDATA[Asco dominguero, típico, ahora en un Sábado&#8230; Enojado con todo por no tener nada mejor que hacer. Escribo&#8230; “En una ciudad engendrada por un cruce sadomasoquista entre las mentes de Burgess, Orwell y Foucault la gente vive de una forma muy peculiar. En primer lugar debe ser dicho que en esta ciudad los cepillos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Asco dominguero, típico, ahora en un Sábado&#8230; Enojado con todo por no tener nada mejor que hacer.</p>
<p style="text-align: justify;">Escribo&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">“En una ciudad engendrada por un cruce sadomasoquista entre las mentes de Burgess, Orwell y Foucault la gente vive de una forma muy peculiar.</p>
<p style="text-align: justify;">En primer lugar debe ser dicho que en esta ciudad los cepillos de dientes son siempre azules. Esto porque se ha instalado meméticamente como tal en todos los tipos de lugares en los que dicho artefacto puede encontrar reposo. Si usted lo nota, la explicación precedente no fue realmente una explicación, pero bueno, seguramente salió así porque yo mismo les escribo desde esta condenada ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">Intuyo una pregunta legítima asomándose desde la galería: ¿Quién es usted, señor narrador?, pero más importante: ¿Por qué debiera estar bebiendo yo de su pluma? Respecto de la primera pregunta, creo que no es muy importante por ahora y me voy a tomar la libertad de evadirla. En cuanto a la segunda, espero que comprenda que no puedo ayudarle con ella.”</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Basura&#8230; Escribo pura mierda sin valor.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo cierto es que me hallo un poco apestado de la luz del computador, así que me paro y resuelvo dedicarme a mis usuales circuitos de rata filosofante, siempre confinado entre los muros de mi jaula. Me rasco las weas, abro y cierro el refrigerador unas tres veces hasta que me decido a hacer unos huevos revueltos con tocino y cebolla. Lo importante es siempre dejar caer la cebolla primero sobre el óleo, esperar a que se dore, que exhude, que bote su olor a axila para así estimular el instinto animal. Cresta!!, mierda!!&#8230; Rápido, recoger&#8230; suerte la mia&#8230; nunca me han importado mucho ni los bichos, ni la mugre, ni los pelos en la comida. Putas viejas gordas!</p>
<p style="text-align: justify;">Salgo a caminar. Los faroles son altos, negros y metálicos. La temperatura está algo más elevada de lo que me gustaría –un vientecito sería ideal-, el aire está seco, lo mismo mi boca, en la que por debajo del tufillo a omelette todavía se siente el tabaco y el pisco&#8230; La caña da tregua y me permite resolver el Sábado como the living dead. Cambio unas lucas por unas chelas –ka-chinng!- y me siento en la cuneta.</p>
<p style="text-align: justify;">Mis zapatillas están desechas, pronto será tiempo de colgarlas de los cables. Será como siempre lo he hecho: llegando un día por la madrugada, después del weveo, meto la mano por la entrada del antiguo alcantarillado que jubiló bajo la escalinata del zaguán (siete escalones, concreto) de mi antiguo edificio, las saco de la bolsa, las amarro y las lanzo a carcajadas hasta que queden arriba, logrando conseguir al menos unos cinco minutos de burla cocinada a fuego lento, con cara de estúpido. No es tanto porque quiera proteger mi identidad, sino más bien porque quiero protegerlos a ellos –mi barrio, el público de mi obra- de la certeza. Hay algunos que afirman que la era de los mitos se acabó, yo no sé si es cierto, pero al menos me regodeo de placer por la sola oportunidad de desafiarlos y así poner el dicho en duda. La satisfacción es múltiple: al llegar del periplo y ver a la familia colgada me enorgullezco de poder hacer historia con mis desechos, también siempre es entretenido escuchar a las señoras escandalizarse por la insolencia a la pulcritud de mierda de un barrio gris y avejentado.</p>
<p style="text-align: justify;">Por cierto, esto de hacer arte con desechos me recuerda al imbécil de Bruno y sus propuestas desquiciadas. Está bien esto de tener una ética pseudo-punk (no puedo confiar en los punks, no podí ser antisistema y demorarte una hora en vestirte!), pero andar cagando en el capó de los autos y proclamarlo la cúspide del maridaje entre la revolución del proletariado y el arte postmoderno me parece una pelá de cable psicótica&#8230; No sé por qué mierda me junto con estos tarados.</p>
<p style="text-align: justify;">No estoy aburrido: me entretengo bombardeando a las hormigas con mi saliva (ensayo mis excusas, qué ridiculez!). De repente me baja la simpatía por una y le doy la pasada para que explore mis dedos. Son esos momentos en que se me pierden las caras y las monedas. No estoy aburrido.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya es hora. Bendita la vida del nómade primitivo, el Ona exterminado, que curtía cueros para hacer balsas y contaba interminablemente los dedos de sus pies por el simple gusto de hacerlo. Me los imagino comiendo pescado ahumado, con sus matices naturales no comprimidos por el aliño, estirados en el suelo como gringo en el caribe, sin miedo al frío y sin frío al miedo. Uno le acerca un pedazo a otro y este recibe con una mirada que nunca veremos: la mirada del que no conoce más de lo que ve y que no duda de su saber.</p>
<p style="text-align: justify;">Arrastrando los pies, con las manos en los bolsillos, con cara de estúpido (ahora voluntaria) y con licencia para perder el tiempo recorro la vereda. Me pongo a pensar en lo que espera más adelante en el día, algo tan común que ya ha perdido su capacidad para escandalizarme, algo tan ridículo que ya se soporta como cotidiano irreemplazable. Ya dije que esta ciudad es un engendro y el acto de escribir es simplemente una forma de comunicarme con usted, ente imaginario, que podría entender lo solo que me siento con esta vida, con esta forma de vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Busco las llaves en mis bolsillos y me percato que salí desapercibido, una vez más será escalar por la saliente del balcón del 102 para alcanzar el borde de la ventana que da al living. Mi suave vicio de autoboicot ha devenido en la costumbre de dejarla entornada, así que aquí va, sin pasos en falsos logro colgarme y empujar, un pequeño esfuerzo y&#8230; listo! adentro.</p>
<p style="text-align: justify;">Vaso, un poco de hielo, me cago en los talibanes del gusto, me gusta la chela bien helada y el tercio que me queda ya está medio tibio. Sacarse la ropa, quedar en boxers y sentarse frente al PC. Una paja insípida, nada que hacer. Tengo que ordenar este infierno.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro día perdido&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Uno menos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Una tarde de Mayo</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 02:35:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marko Bremer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literario]]></category>
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		<category><![CDATA[deformidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Sucede que una tarde de Mayo recibo una llamada de mi vieja, diciendo que mi primo Víctor se casa. La verdad hace tiempo que no se mucho de él, pero la íntima cercanía que tuvimos desde la infancia hasta poco después de salir de la universidad todavía reverbera, así es que me tomó un par [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;" align="center">Sucede que una tarde de Mayo recibo una llamada de mi vieja, diciendo que mi primo Víctor se casa. La verdad hace tiempo que no se mucho de él, pero la íntima cercanía que tuvimos desde la infancia hasta poco después de salir de la universidad todavía reverbera, así es que me tomó un par de segundos entender la noticia, y luego un par de minutos comprender todo lo que aquello implicaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo vivo en Salem, Oregon. Trabajo en un centro de procesamiento de productos agrícolas, me mudé acá hace ya prácticamente cinco años, que son más o menos la mitad de los que Víctor lleva viviendo fuera de Chile. En un principio se fue a Europa por unas vacaciones muy esperadas para las cuales había ahorrado bastante dinero en trabajos tediosos pero pasajeros. Desde hace años ya había decidido que quería recorrer el viejo continente, había algo en él que lo llamaba desde bien pequeño, cuando revisaba las ilustraciones de los libros en la casa de nuestra abuela asombrándose por las grandes y maravillosas construcciones. Muchas veces dudó y consideró la posibilidad de que estos volúmenes –una colección completa, cada libro abordando temáticas diversas- fueran una especie de broma para niños, una extensión ingeniosa de aquellos años en que los adultos se divertían inventando situaciones imposibles para ver la cara de pasmo de los críos, jugando a los trapecistas de la sospecha, equilibrándose entre un polo sensato con poco filo y el riesgo de una fantasía tan poco consistente o tan explosiva que era sencillamente imposible de sostener. El objetivo era llegar lo más lejos posible, intentando que la risa no se colara por los poros.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo el momento de la despedida: ya habíamos comenzado a distanciarnos en el esperable balanceo y acomodo de cada egresado de nuestra generación (en el sentido abarcativo de la palabra, ya que yo y mi primo estudiamos cosas distintas) a la vida adulta. Lo recuerdo en la casa del Claudio, su buen compañero de carrera, con unos veinte personajes adicionales, explorados acabadamente en conversaciones y borracheras compartidas. Conversamos justamente de esto, de lo que nos estaba pasando, de lo extraño que se vuelve el futuro en un mundo que cambia tan aprisa y de lo difícil que es adaptarse a esa incertidumbre. “Pero weón, yo crecí viendo Disney, estoy formateao pa querer una mina a mi lado hasta que pare la chala, pero&#8230; Vo me entendí, vo me entendí porque me conocí, no veo cómo chucha voy a lograr hacer esa weaa, mi vida fracasó desde antes que empezara, por eso me voy de esta mierda de país!”, carcajadas, el vaso chorreando piscola y los dedos congelados por los hielos y el invierno, pero eso nunca ha importado en Chile.. Esas pequeñas idiosincracias de pueblo, las que siempre se extrañan&#8230; Las que extraño aún hoy.</p>
<p style="text-align: justify;">Habiendo crecido con él, habiendo tenido el tiempo y cercanía necesarias para conocer en él la esencia que luego se esconde en decencias, no me sorprendió cuando supe que después de haber tenido sus vacaciones esperadas haya encontrado la forma para quedarse trabajando en Eslovenia como ilegal. Seguramente le encantaba ser ilegal tanto como le encantaba ser sudaca -me recuerda a la canción de Manu Chao, fumando un pitito camino al Cajón-. Ahí pasó un tiempo con el bolsillo estrecho pero con el alma hinchada (por estos años todavía nos comunicábamos con cierta frecuencia) y conoció a Anelia, de quién nunca habló mucho, pero de la que yo sospeché desde un principio en un misterioso cambio en el estilo de redacción, alguna cadencia narrativa que no le pertenecía completamente y que denotaba la influencia de un acorde implícito, uno potente.</p>
<p style="text-align: justify;">Al año de relación, la familia de Anelia le ofreció trabajo en la compañía de textiles que tenían en Bulgaria y se instalaron allá sin pensarlo dos veces, Víctor feliz de ir al lugar más extraño posible, además, Bulgaria sonaba como un país pueblo, un rezagado frente a la Europa-Eiffel y toda esa fachada burguesa que a mi primo le pareció siempre tan snob y plástica.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo perfecto ese momento: el tener la certeza de que había una mujer que se escondía detrás de sus noticias provocó en mi una gran nostalgia y una especie de ternura. Luego, inmediátamente y sin yo disponerme voluntariamente a hacerlo, me encontré recordando momentos que pasamos juntos, largas conversaciones de pubertad, figurándome con mi cuerpo adulto en el cuadro me acerqué a una de sus comuniones de balcón, me hinqué entre ellos y los abracé sin decirles nada. Ellos sabían quién era.</p>
<p style="text-align: justify;">Sospechaba que Anelia era una buena mujer para mi primo: alegre, vivaz, con cierta pizca de locura espontánea, con un lado artístico en bruto (no desarrollado por verguenza), con una tristeza simple, morena y con unos ojos lindos de aceituna&#8230; Como a él le gustaban.</p>
<p style="text-align: justify;">Así es que arreglé todo en el trabajo para poder ir a la celebración. Conseguí convencer a mi jefe, Mr. Knowles, para que me diera un par de días libres que no me correspondían por ya haber tomado mis vacaciones del año. No iba a poder pasar mucho tiempo allá, pero sí lo suficiente para enterarme de los nuevos rumbos que tomaba la vida de mi amigo.</p>
<p style="text-align: justify;">Al llegar al aeropuerto de Sofía, el día anterior al matrimonio, me entero por un mail que Víctor tuvo unas complicaciones y que no podría ir a buscarme, así es que me dio todas las indicaciones necesarias para que yo pudiera llegar e instalarme en la casa de una amiga de Anelia, con quién ya se había coordinado para que me recibiera es su casa que, según relata mi primo, es una gran mansión construída por allá por el siglo XVIII que perteneció alguna vez a algún noble de mala muerte, “Te vay a caer de raja weón! La cueita que tení!”.</p>
<p style="text-align: justify;">Acto seguido, consigo un taxista que habla algo de inglés y negocio con él para que me lleve hasta Sandanski, a 160 km al sur de Sofía, que es donde vivía tanto mi primo como esta mujer que me alojaría. El viaje fue silencioso pero agradable, yo miraba por la ventana curioso de las pequeñas y grandes diferencias que ya es posible ver a vuelo de pájaro. Después de unas dos horas llegamos a Sandanski y tomamos un camino algo maltrecho para llegar a las afueras de Debrene, un poblado cercano a la ciudad que es donde se encontraba mi destino final. Al llegar ya eran las dos y pico de la madrugada y estaba lloviendo bastante fuerte, la casa estaba algo alejada de Debrene, al otro lado de una cuesta en donde ya parecía perderse el reflejo de las luces de la ciudad en el cielo. La mansión era realmente grande y parecía completamente vacía. Tomó un buen puñado de minutos para que la anfitriona encendiera la luz del zaguán y abriera unos segundos después la puerta (el tipo tuvo la decencia o buena voluntad de esperarme hasta ese momento antes de partir). La mujer bajo el umbral estaba vestida con una bata blanca y se veía notablemente agotada, en un inglés tosco se disculpa por la demora y por su escaso manejo del idioma y me hace seguirla a mi habitación.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo está muy oscuro y ella -Yana era su nombre- complementa la experiencia estética guiándome a través del salón y arriba por la escalera con una lámpara  a parafina muy antigua, seguro que era un acto cotidiano para ella, pero a mi me hacía mucha gracia, me daba una especie de cosquillas agradables en la nuca. Finalmente abre una puerta en el pasillo que está a algunos pasos de la escalera, en el segundo piso, y enciende otra lámpara en la habitación. Al parecer siempre tenían muchos problemas con la instalación eléctrica, o al menos eso es lo que logro entender mientras Yana se apoyaba en gestos y ademanes (algunos de los cuales no me eran muy familiares) y me enseñaba la forma de apagar la lámpara, cosa que no fuera a haber ningún accidente. Se despide cordialmente y me deja solo en la habitación.</p>
<p style="text-align: justify;">La pieza era espaciosa y con el cielo alto, como toda mansión, con un mobiliario sencillo, la cama y todo lo demás daba la impresión de ser bastante antiguo, aunque sin embargo estaba todo limpio y bien conservado. Además de la cama había un velador y una cómoda en la que desempaqué algo de mi equipaje y me lavé los dientes antes de decretar con un cabezaso en la almohada el final de una larga jornada.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante lo que quedaba de noche me fue muy difícil dormir. En un principio tuve un insomnio algo ansioso relacionado con el matrimonio y con el hecho de ver a Víctor después de tantos años, me preguntaba sobre todo si podría ser tan familiar como siempre había sido o si la vida nos habría cambiado de formas que no hemos registrado pero que de una u otra manera lograrán intervenir en nuestra relación y hacer que todo sea algo incómodo (después de todo han sido diez años). Luego consigo dormir algo, pero nunca en profundidad, y dentro de estos estados de sopor entro en una especie de regurgitación mental en donde escucho gritos de personas, una discusión acalorada con voces afectadas, vapores, una sensación de vértigo o nausea y una intranquilidad como de inminencia, cosas que no se pueden explicar muy bien.</p>
<p style="text-align: justify;">Al despertar me doy cuenta que no puse la alarma la noche anterior y que pasé de largo de la hora prudente. Siempre he sido una persona algo tímida con la gente que no conozco, y para evitarme los pudores siempre me rijo bajo un estricto código de decencia y sentido común social que heredé de mis padres (para quienes es un ámbito muy importante, algo que hablaba a través de las personas). Es por esto que salgo de un salto de la cama y lo primero que hago es revisar la hora&#8230; Mierda! Son las 3 de la tarde! Echo un vistazo al pasillo y no veo ni escucho nada. Es un pasillo largo y da una impresión de vacío, me quedo mirando hacia el fondo, pegado un rato en la experiencia de fuga, vuelvo a entrar y con prisa hago todo lo necesario para estar listo. Si mi memoria no falla el matrimonio comienza a las 7, lo que da poco margen de error. Una ducha rápida, los dientes y el terno. Una vez listo en tiempo record me aventuro a salir de la habitación y bajar hacia el foyer en el que desemboca la escalera.</p>
<p style="text-align: justify;">El salón es amplio y, tal como era de suponer, con una armonía decorativa que preservaba la época de su construcción en los muros y el mobiliario. No me sentía muy cómodo, sentía que mi presencia en la mansión no era adecuada, que era un estorbo, y el haber despertado a esta hora no ayudaba en lo más mínimo a mejorar mi ánimo. Así es que esperaba por favor poder encontrarme con Yana y ofrecerle mis disculpas para sentirme más tranquilo con el asunto. Como me parecía lo más sensato, decidí esperar en el salón en el que me encontraba por suponer que sería más fácil toparme con ella o con algún otro morador de la casa si es que lo había. No me gusta ser una molestia.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue en ese momento cuando lo sentí por primera vez, primero una mancha perceptiva que se va definiendo progresivamente, a partir de la repetición lejana, como una forma audible&#8230; Esta va tomando la forma de unos lamentos sordos que surgían de una habitación contigua al salón, a través de unas altas puertas entrecerradas que se movían con la corriente de aire, golpeando en intervalos lentos, modulando el volumen de los gemidos. En un principio me quedé muy quieto, intentando discernir un error en lo que había oído, a veces sucede: un bebé lloriqueando agónicamente que en realidad era una gata en celos, pero el sonido se revelaba cada vez más claro en su iteración monótona y resultaba innegable que pertenecía a una persona, a una mujer adulta, más allá de eso no era posible llegar.</p>
<p style="text-align: justify;">Como digo, soy bastante pudoroso, pero los lamentos fueron abriendo paso a llantos y súplicas y me parecía que esa persona podría estar necesitando ayuda, así que me acerqué de a poco, sigiloso, incluso me saqué los zapatos para no parecer impertinente si es que mi fantasía trágica resultaba no tener sustento. Dos minutos me tomó llegar hasta la puerta, me mantuve de espaldas a ella del lado del salón sin todavía mirar más allá de la franja que el viento ofrecía. Ahora se apreciaba el detalle, definitivamente una señora mayor, gimiendo en un idioma incomprensible (Búlgaro?) con un tinte inconfundible de dolor. Estuve un par de minutos debatiéndome si entrar o hacerme el loco, pero finalmente, teniendo la vista fija en lo que podía ver de habitación, vi un pequeño bulto moverse entre unas colchas y mi cuerpo entró por mí.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue un movimiento orgánico, precavido, prácticamente me deslicé sobre la alfombra directamente hacia el objetivo sin preocuparme de ser visto e increpado en el acto, tenía una especie de estúpida certeza de que iba a pasar desapercibido y en contra de toda lógica así fue. Me encontré parado frente a este bulto, sobre una alfombra roja que cubría toda la habitación, amplia, alta, con unas grandes ventanas abiertas de par en par ataviadas con cortinas ligeras que bailaban hacia el interior, hacía un frío gris. Antes de explorar miré hacia el rincón del que emergían los gemidos, ahí se veía una cama antigua, pegada a la esquina, con el lomo de una vieja cortado arriba por una melena gris, grasosa y caótica y abajo por el plumón. No sé si se estremecía o si era mi sensación de asco y angustia la que contaminaba la percepción, pero parecía estar en otro mundo, lo de la ayuda pasó a segundo plano cuando siento que algo toca mi pie derecho, me sobresalto internamente y veo abajo mio una guagua. No me toma más de 3 segundos darme cuenta que es deforme, una gota más para continuar rellenando el vaso de la insanía que, tal como los gemidos, se hacía cada vez más claro. Siento un lejano y profundo vértigo, un sonido grave que vibra bajo el estómago, siento que mis rodillas se doblan y mi cuerpo empieza a sudar, respiro profundo&#8230; Profundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Me agacho para examinar a la criatura: sus ojos están hinchados y salidos de sus órbitas, descoordinados, hace un ronquido al respirar (cosa que parece costarle mucho), tiene el mentón muy hacia atrás, le cuelga parte de la lengua y una gota de baba, su pel&#8212;</p>
<p style="text-align: center;" align="center"><strong>“HE’S HIDEOUS!!”</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Helado, con la nuca tensa, con electricidad subiendo por la médula mantengo contacto visual con la vieja que se había incorporado y había gritado&#8230; Sus ojos eran grises pero estaban enroje&#8212;</p>
<p style="text-align: center;" align="center"><strong>“HE’S CURSED, KILL HIM! I DON’T HAVE THE HEART!”</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Y se desploma, de vuelta en su posición original, murmurando y moviendo su mano como espantando un mosquito. Inglés perfecto. Mi corazón amenazando con arrancarse a sí mismo del pecho y salir corriendo si yo seguía más tiempo inmóvil. Estupor.</p>
<p style="text-align: justify;">Un momento&#8230; Hay alguien más con la vieja. Una cabeza se asoma por detrás del cuerpo que antes la ocultaba, es una niña, unos cinco años, su expresión invoca en mi mente la imagen del potro, una máquina de tortura, no puede ser bueno, nada esto puede ser bueno, tengo que hacer algo, tengo que hacer algo rápido!</p>
<p style="text-align: justify;">Salgo corriendo de la habitación, atravieso la sala como un loco y me pongo a registrar la casa, grito el nombre de Yana en vano, el eco es la única respuesta. Llego a la cocina y me alivia sentir primero olor a comida y luego ver una olla expeliendo vapor, llamo por Yana mientras descubro el lugar y me doy cuenta, al doblar por un recodo, que la puerta que da hacia afuera está abierta. No hay nadie.</p>
<p style="text-align: justify;">Bajando las escaleras que salen por la puerta doy un vistazo alrededor, veo el paisaje que ayer dormía, la casa estaba entre unas colinas completamente cubiertas de trigo verde, hermosas, en la cima de una de ellas hay un arbol de ramas desnudas y completamente enmarañadas, creo discernir una silueta así que nuevamente grito “Yana!!”, parece haber un movimiento, algo decanta en mi, el sólo suponer que encontré a Yana es una licencia, siento que el peso sobre mi pecho empieza a receder y nueva&#8212;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><em>(..) mente, donde hay una fruta deliciosa, su brillo es una promesa, su sabor la esencia del deseo. La fruta cuelga de la última rama del árbol en el cual estoy encaramado, al alcance. Estiro mi brazo pero no se mueve, miro a mi brazo pero no cambio de dirección la mirada, grito pero mi mandíbula está trabada. La manzana a diez centímetros comienza a hervir, un olor a plástico quemado entra violentamente por mi nariz y no puedo hacer nada por repelerlo, jaqueca y nausea mient&#8212;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">(&#8230;) –ras me despierto&#8230; Tirado, escalones de madera, terno, listo para ir al matrimonio de mi&#8230; MIERDA!</p>
<p style="text-align: justify;">Intento levantarme, dolor, toco cabeza, ardor entumecido, mano mojada, tibia, rojo, eventos en mi mente, urgencia. Vencer al cuerpo, en pie, me cuesta enfocar, nadie, media vuelta, entrar, tambalearse, grito desgarrador&#8230; Dos&#8230; Tres&#8230; Camina a la fuente, segundo piso, final del pasillo, ánimo, puerta abierta a la derecha, muchos elementos, calma, Yana grita en el piso, desesperación, junto al balcón, ventana abierta, niña boca abajo, sangre, contusión en la cabeza, grito desalmado, Yana, camina, llegamos, no se da cuenta, no tiene nada, asomo, vieja tirada en el piso, cayó del balcón, cabeza, probablemente muerta, mano en mi tobillo, Yana apunta, miro, techo, tejas, canaleta, cadena&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">Guagua descuartizada, crucificada, esternón abierto.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: right;">Un ruido seco señala mi desplome.</p>
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		<title>Visión de DOCtor</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 20:39:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marko Bremer</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Son poros, ventosas, que inhalan&#8230; y&#8230; exhalan, ritmo orgánico, babas cristal entre troncos capilares. Y una melodía fúnebre que aparece entre los surcos, en los silbidos turbulentos del aire, en cada brillo porfiado: la lágrima por la lágrima por la lágrima. Sangre de boca, inocua, agridulce, metálica. El conjunto presente palpita. Una alfombra en tránsito [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Son poros, ventosas, que inhalan&#8230; y&#8230; exhalan, ritmo orgánico, babas cristal entre troncos capilares.</p>
<p>Y una melodía fúnebre que aparece entre los surcos, en los silbidos turbulentos del aire, en cada brillo porfiado: la lágrima por la lágrima por la lágrima. Sangre de boca, inocua, agridulce, metálica. El conjunto presente palpita.</p>
<p>Una alfombra en tránsito que espera ser festín de ácaros, bacterias, buitres y hongos. Los necrófagos sedientos, organizados en batallones, aguardan el suspiro que señala el momento de su entrada a la danza de Shiva.</p>
<p>Todo sigue su curso.</p>
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		<title>I</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 06:13:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marko Bremer</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Despertar con una vaga sensación de que hay un mensaje escondido para mi, de ella para mi, quizás entre la funda y la almohada o en el espacio entre el colchón y el muro&#8230; Pero no, la verdad es que más bien es un papelito que dejó en mi billetera.</p>
<p>Y así, siendo tiernamente iluso, se procede a dar vuelta por completo su contenido, con los ojos todavía enlagañados y entrecerrados, con la nariz seca e incómoda, con una luz violenta que no deja ver muy bien, con un sopor injustificado porque en contra de todo pronóstico se durmió más de lo esperado (inercia, principio universal), con un calor que a veces es abrigo y a veces ahogo. Obiamente no había nada, pero la expectativa no tenía por qué hacerse realidad, la cosa no es tan simple y está bastante bueno que no lo sea, así es más entretenido, porque más bien ese señuelo onírico puede estar apuntando hacia otra parte, tener otro propósito que quizás sea lisa y llanamente el de resistirse al esclarecimiento, algo así como los sueños de Lucas:</p>
<blockquote><p><em>“Pero no, entonces el sueño es para que los leopardos continúen su espiral interminable y solamente le dejen un asomo de claro de selva, una forma acurrucada, un olor estancándose. Su ineficacia es un castigo, un adelanto del infierno (&#8230;)”.</em></p></blockquote>
<p>La certeza es quisquillosa, o uno es quisquilloso con la certeza. ¿Me gusta lo suficiente?, ¿Pregunta válida o pregunta neurótica?, ¿Universal o rollo personal?. Lo cierto es que me gustaron sus dedos finos y cómo contrastaban con su boca amplia poblada de grandes dientes. Lo maravilloso es lo inquietante de reconocer en su presencia frente a mi una especie de acuarela brumosa, en la que se combinan colores y texturas ya conocidas (si es que tan gruesa palabra sirve para explicarlo), situación que me recuerda a una cierta carta a dos desconocidas que dice algo más o menos así:</p>
<blockquote><p><em>“No me acuerdo de la primera vez. ¿Naciste conmigo o ese primer encuentro es tan lejano que tuvo tiempo de madurar en mi interior y fundirse a mi ser? Disuelta en mí mismo, nada me permitía distinguirte del resto de mí, recordarle, reconocerte (&#8230;) todo, en fin, lo que me enseña que no soy sino una ausencia que se despeña, me revelaba —¿cómo decirlo?— tu presencia. Me habitabas como esas arenillas impalpables que se deslizan en un mecanismo delicado y que, si no impiden su marcha, la trastornan hasta corroer todo el engranaje.”.</em></p></blockquote>
<p align="center">¿Qué se necesita para enterrar una encarnación tuya?</p>
<p align="center">¿Cuáles y cuantos son los ritos a realizar?</p>
<p align="center">¿Es cierto que el símbolo sirve para poseer y exorcisar?</p>
<p align="center">¿Cómo me libro de tu decantado para que no influya?</p>
<p>Naturalmente, preguntas que sólo se pueden ir respondiendo por sí solas, todas ellas son como pedazos desordenados del cuerpo de un ser agazapado ante la expectativa del encuentro telúrico con tus avatares del pasado; el más reciente el más potente el más relevante el más desconcertante el más intoxicante.</p>
<p>Escribir entonces es sintomático (el árbol por la hoja), entendido la palabra como la confluencia de dos tendencias que resultan ser contradictorias en su ejercicio:</p>
<ol>
<li>Déjame vivir tranquilo para volver a encontrarte en otra cáscara</li>
<li>Conviértete en letras para quedarme con algo tuyo que me ayude a esperarte</li>
</ol>
<p>Pero ni uno ni dos resuelven otro problema: dícese de la violencia inherente a intentar extraerte desde los vestigios que otra pobre mujer, sin saberlo, ofrece como vías para tu retorno&#8230; Tu implacable retorno. Ahora pienso en la pobre Talita a las manos del extraviado Oliveira que, tal como me sucede, sólo encuentra el centro cuando “la” encuentra:</p>
<blockquote><p><em>“Nunca lo había visto sonreír así, desventuradamente y a la vez con toda la cara abierta y de frente, sin la ironía habitual, aceptando alguna cosa que debía llegarle desde el centro de la vida, desde ese otro pozo, acercándose a ella en el acto de aceptar esa cosa innominable que lo hacía sonreír. Y tampoco su beso era para ella, no ocurría allí (&#8230;) Se estaban como alcanzando desde otra parte, con otra parte de sí mismos, y no era de ellos que se trataba, como si estuvieran pagando o cobrando algo por otros, como si fueran los golems de un encuentro imposible entre sus dueños.”</em></p></blockquote>
<p>Y unos cuantos párrafos más adelante, Talita le explica a su novio Manú lo sucedido:</p>
<blockquote><p><em>“Cree que está muerta, Manú, y al mismo tiempo la siente cerca y esta noche fui yo. Me dijo que también la había visto en el barco, y debajo del puente en la avenida San Martín&#8230; No lo dice como si hablara de una alucinación, y tampoco pretende que le creas. Lo dice, nomás, y es verdad, es algo que está ahí. Cuando cerró la heladera y yo tuve miedo y dije no sé qué, me empezó a mirar y era a la otra que miraba. Yo no soy el zombie de nadie, Manú, no quiero ser el zombie de nadie.”</em></p></blockquote>
<p>No quiero ser el zombie de nadie, no quiero que nadie sea mi zombie, pero no parece haber alternativa, ¿cierto? Uno habla con distintas voces a distintas personas y luego, si es inquieto, se pregunta si es que existe tal cosa como una “verdadera voz”. Este tema del zombie, ¿no es lo que le sucede a toda guagua en los brazos de su madre? La violencia aplastante del deseo del Otro es tan omnipresente que llega a ser un campo muy sutil, tal como en el aforismo oriental del pez que busca el mar.</p>
<p>Entonces la pregunta sobre si tal o cual boceto que comienza a rellenarse involucra suficiente deseo no es trivial. Al final, para estar emparejado hay que aprender a bailar: una constante exploración y ajuste, el complicado equilibrio entre renuncia y compromiso.</p>
<p>Hay que ser cuidadoso con la intención de invocar lo deseado en otro ser que se resiste o no es capaz de darle soporte, ahí es donde abre la grieta que constata la insoslayable distancia, grieta traumática. Aprieta + grita = grieta. Y de la grieta aparece el solipsismo, la sospecha del axolotl que no puede ir más allá de una expectativa sin realización, y de ahí la condena: Uno nace completamente solo y se muere completamente solo. La señora vudú le dice al Obeah man en su lecho de muerte:</p>
<blockquote><p><em>“It nice it happen to you. Like you come to the island and had a holiday. Sun didn&#8217;t burn you red-red, just brown. You sleep and no mosquito eat you. But the truth is, it bound to happen if you stay long enough. So take that nice picture you got in your head home with you, but don&#8217;t be fooled. We lonely here mostly too. If we lucky, maybe, we got some nice pictures to take with us.“</em></p></blockquote>
<p>Y entonces la decepción, la resignación y los malos augurios&#8230; ¿Será cierto que al final de todo lo único que tendremos serán bonitos recuerdos?, ¿De qué se nutre la muerte satisfecha? La ilusión no es mentira, la ilusión es la base del arte y se relaciona con la capacidad de crear y no someterse. El amor es el no sometimiento a la idea de la muerte implacable gracias a la oportunidad de engañarse recíprocamente con una temporalidad completamente distinta, con momentos eternos, con miradas únicas. Con ustedes, la Maga y Horacio:</p>
<blockquote><p><em>“Y sobrevino un diálogo memorable, absolutamente recubierto de malentendidos, de desajustes que se resolvían en vagos silencios, hasta que las manos empezaron a tallar, era dulce acariciarse las manos mirándose y sonriendo, encendíamos los Gauloises el uno en el pucho del otro, nos frotábamos con los ojos, estábamos tan de acuerdo en todo que era una vergüenza (&#8230;) Al despedirnos éramos como dos chicos que se han hecho estrepitosamente amigos en una fiesta de cumpleaños y se siguen mirando mientras los padres los tiran de la mano y los arrastran, y es un dolor dulce y una esperanza.”</em></p></blockquote>
<p>Y entonces uno tiene la opción, al menos si es que logra llegar al punto de plantearsela como tal (no siempre hay claridad con estos asuntos pre-empíricos), de resignarse a la lógica fatídica o ilusionarse con la posibilidad de crear una solución alternativa, acorde a sus necesidades y anhelos. No siempre es fácil mantener el terreno, la muerte acecha a la vuelta de la esquina, pero lo que sí es innegable, quizás incluso axiomático, son las palabras de tránsito que Bill Parrish le dedica a la Muerte, un testimonio de su experiencia:</p>
<blockquote>
<p align="center"><em>“-It&#8217;s hard to let go, isn&#8217;t it?</em></p>
<p align="center"><em>-Yes it is, Bill.</em></p>
<p align="center"><em>-And that&#8217;s life&#8230; what can I tell you.”</em></p>
</blockquote>
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		<title>IX</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Dec 2011 02:22:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marko Bremer</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cada persona tiene la capacidad de juguetear con los rostros que le salen al encuentro, de inventarles un personaje y relacionarse con ellos de la manera que corresponda o plazca, aunque sea dentro en la cabeza de cada quién. Así es como uno se entretiene en la deriva urbana: en el metro, en la micro, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Cada persona tiene la capacidad de juguetear con los rostros que le salen al encuentro, de inventarles un personaje y relacionarse con ellos de la manera que corresponda o plazca, aunque sea dentro en la cabeza de cada quién. Así es como uno se entretiene en la deriva urbana: en el metro, en la micro, en la vereda, en los banquillos, en el cajero, sobre un árbol y detrás del carro del supermercado.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero digamos que es cierto, que no siempre se puede, que hay días en que el caricaturista se fue de parranda, está malhumorado por la censura de la línea editorial, o en huelga por que se rehúsa a trabajar en una oficina fría, temblorosa y poco confiable. Entonces uno se deja replicar por una trama tediosa, con sabor a pelusa, con escaso brillo escénico, y así se está condenado irremediablemente a desdibujarse contra el fondo, a formar parte del paisaje y contribuir a la depreciación comercial del Mahatman dentro del <em>forum</em> de los entes cósmicos.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo realmente lamentable, sin embargo, es aquel estado del ser en que el creativo jubiló o fue asesinado por los gerentes de la corporación… La mayoría de las veces esto sucede por una histérica preocupación por matemáticas poco serias, bajos rendimientos y tablas de Excel que no cuadran. Cuando esto sucede deja de haber un circo itinerante en los desfiles cotidianos y el complejo contrapunto se reduce a una mísera sucesión de notas despojadas de melodía.</p>
<p style="text-align: justify;">Afortunadamente, los filósofos de nuestra época, en trabajo conjunto con los pescadores de Talcahuano y el gremio de educadoras de párvulos, han revelado la cura al grisáceo panorama. Dicho tratamiento es, a decir verdad, bien poco específico –como para exasperar a los famas<a title="" href="file:///C:/Users/Marko/Dropbox/Carpetas%20Compartidas/Marko-Martin/Escritos%20Marko/24%20%5bobra%20en%20construcci%C3%B3n%5d/9.docx#_ftn1">[1]</a>- e involucra el contacto microbiano con los pequeños humanos, esos reservorios de&#8230; Una vez establecida una socialización rudimentaria, se debe proceder a imitar completamente todo lo que el niño (o niña) haga, para luego dejar abiertas las posibilidades del espíritu.</p>
<p style="text-align: justify;">Este procedimiento, sin embargo, sólo alcanza un 13% de éxito… ¡Quizás la neurosis es más fuerte!</p>
<p style="text-align: justify;">Como se ve, el asunto es complicado, con mayor razón cuando se reconoce que la condición es un síndrome y como tal no tiene una causa específica; más bien es necesario un cuidadoso estudio de los motivos de la desaparición del susodicho homúnculo, al estilo Mary Shelley, para luego actuar acorde a las pistas y dar con su paradero. Es importante no olvidar también que es necesario actuar con delicadeza, porque a veces sucede que al pobrecito no lo han raptado, sino que se escapa aterrado de las voces que lo invocan para des&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;" align="center">¡ESPEREN… PAUSA!</p>
<p style="text-align: right;" align="right">…Me he extraviado</p>
<p>&nbsp;</p>
<div></div>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/Marko/Dropbox/Carpetas%20Compartidas/Marko-Martin/Escritos%20Marko/24%20%5bobra%20en%20construcci%C3%B3n%5d/9.docx#_ftnref1">[1]</a> “Los famas para conservar sus recuerdos pasan a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra una pared de la sala, con un cartelito que dice ‘Excursión a Quilmes’, o: ‘Frank Sinatra’.”  (Historias de Cronopios y Famas / J. Cortázar).</p>
</div>
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		<title>X</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Dec 2011 02:13:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marko Bremer</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ahí, parados pero en realidad tirados, dos cuerpos frente a la pantalla se debaten en un principio sobre cosas que realmente no tienen importancia. Uno de ellos moviendo el puntero, excavando enlaces, sintonizando con la liturgia emergente del postmodernismo que se avecina para los siglos venideros pero que ya nos tiene imbéciles por desorientados. The [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Ahí, parados pero en realidad tirados, dos cuerpos frente a la pantalla se debaten en un principio sobre cosas que realmente no tienen importancia. Uno de ellos moviendo el puntero, excavando enlaces, sintonizando con la liturgia emergente del postmodernismo que se avecina para los siglos venideros pero que ya nos tiene imbéciles por desorientados. The paradox of choice. Se puede hablar de ello, pero &#8220;Ello&#8221; no recede sino que se ensancha cada vez más: epidemia, neurona, música electrónica, géneros, constante de Hubble, expansión y congelamiento del universo que por alguna razón da para tanta futilidad (mira la cursilería del ser humano que se preocupa por el cambio de fase del sol mientras sigue inerme ante el conglomerado de basuras que tiene atrapadas en su propio microcosmos). The paradox of science. Eso no les impide servirse otro más, tres hielos, pisco y coca cola; siguen palpitando.</p>
<p style="text-align: justify;">Se incorpora con algo en su mano, le parece adecuado:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Un libro anti-pintoresco, anti-folklórico, anti-flamenco. Donde no hay ni una chaquetilla corta ni un traje de torero, ni un sombrero plano, ni una pandereta, donde las figuras sirven a fondos milenarios y donde no hay más que un solo personaje que es la Pena que se filtra en el tuétano de los huesos y en la savia de los árboles, y que no tiene nada que ver con la melancolía ni con la nostalgia ni con ninguna aflicción o dolencia de ánimo, que es un sentimiento más celeste que terrestre; pena andaluza que es una lucha de la inteligencia amorosa con el misterio que la rodea y no puede comprender&#8221;.<a title="" href="file:///C:/Users/Marko/Dropbox/Creaciones/10.doc#_ftn1">[1]</a></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">-Es eso, es la nausea, es la eterna posibilidad de caminos sin explorar, la diplopia congénita, multiplopia, megaplopia&#8230;- Yo creo que esto de Sandra te tiene mal- Sí&#8230; Pero no es Sandra, ya lo hemos hablado, nos entendemos, el contenido es contingente, el continente es lo único relevante pero aún así se escapa de las manos [Give up the Ghost sonando]&#8230; Estamos cagados!</p>
<p style="text-align: justify;">Se desploma suavemente sobre el piso, repentinamente abrumado a pesar de que estas conversaciones difícilmente pueden tener otro destino. Derrama un poco sobre su pantalón y se seca con la mano. Se miran y no pueden evitar reirse. Siguen palpitando.</p>
<p style="text-align: justify;">-&#8221;Don&#8217;t hurt me&#8221;&#8230; Nos están agarrando pal weveo!- más risas, ahora más fuerte, se dirigen hacia un silencio mientras la música sigue, se miran a los ojos y la ven pasar como un holograma, la Pena de Lorca, y por un momento ambos sienten que es lo más real que existe.</p>
<p style="text-align: justify;">Son dos personajes como cualquiera, sus caras intercambiables, sus vidas prescindibles, su existencia&#8230; Imposible decir. Y por qué no pasar a hablar las cosas con claridad (uff!) y revelar al Mago de Oz en las historias que se cuenta, estrategia de todo ser humano para salvarse con un poco de mirada, un poco de cariño, un poco de amor, sólo el suficiente para engañarse y ojalá en cantidades que den para ilusionarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí el otro le responde:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.&#8221;<a title="" href="file:///C:/Users/Marko/Dropbox/Creaciones/10.doc#_ftn2">[2]</a></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">-Mmmm</p>
<p style="text-align: justify;">-Y luego el miedo de que todo se deshaga con los años&#8230; Cómo es posible que nos sea tan difícil ser felices? Hace cien años papá es papá, mamá es mamá y así no ma&#8217; era la weaa! Estamos hechos unos mamones!</p>
<p style="text-align: justify;">-Mmmm</p>
<p style="text-align: justify;">-Qué hacer con el amor?</p>
<p style="text-align: justify;">-&#8230;&#8230;&#8230;..</p>
<p style="text-align: justify;">Sale el humo que poco a poco ha colonizado la pequeña habitación, lugar escasamente digno de divagaciones de este tipo, pero quizás por esto mismo llega a ser el más idóneo. 3:38 am en el Club de la Serpiente. Todo se mezcla, todo se revela, y queda solo frente al teclado golpeteando letras, ficcionando un diálogo para digerir lo irresoluble, pegarse cabezazos contra el vacío es mucho más desesperante que romperse la frente, la piedra garantiza el contacto, el dolor es piso firme, pero la Pena&#8230; Ay la Pena!</p>
<p style="text-align: justify;">Aún así siguen palpitando.</p>
<div></div>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="file:///C:/Users/Marko/Dropbox/Creaciones/10.doc#_ftnref1">[1]</a> Comentario de García Lorca sobre su Romancero Gitano.</p>
</div>
<div>
<p style="text-align: justify;"><a title="" href="file:///C:/Users/Marko/Dropbox/Creaciones/10.doc#_ftnref2">[2]</a> Rayuela.</p>
</div>
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		<title>Los craneos molidos</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Dec 2011 04:33:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marko Bremer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literario]]></category>
		<category><![CDATA[envidia]]></category>
		<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[juego]]></category>
		<category><![CDATA[niños]]></category>
		<category><![CDATA[odio]]></category>

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		<description><![CDATA[El aire está espeso después de la actividad, la luz es la del crepúsculo temprano, la calle está polvorienta y los gritos y amenazas comienzan a transformarse en jadeos. La tonalidad cambia. Arturo, con las rodillas peladas y la frente mojada, aprieta la pelota contra su pecho, unas manchas blancas y negras que tantas historias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El aire está espeso después de la actividad, la luz es la del crepúsculo temprano, la calle está polvorienta y los gritos y amenazas comienzan a transformarse en jadeos. La tonalidad cambia. Arturo, con las rodillas peladas y la frente mojada, aprieta la pelota contra su pecho, unas manchas blancas y negras que tantas historias han contado para tantas personas en este mundo se mueven al ritmo de su corazón con una intensidad inusual.</p>
<p>La verdad no está tranquilo, se podría decir que hay algo que le pica, hasta que le molesta, y que gira en torno de Felipe, ese niño que hace poco ha llegado al barrio. Vive en aquella casa verde misteriosa, a la vuelta de la única esquina de la calle que vale la pena, esa que tiene el perfecto pedazo de pasto y que a fuerza de costumbre y conveniencia se ha convertido en el lugar idóneo para contar las escondidas. Su familia es algo extraña, viene de otra ciudad, una más grande, y no se decide todavía a entender que es bien probable que lo que detecta como fuera de lo común se deba simplemente a eso, a un barrio distinto, a un colegio distinto y a tanto-tinto que no es más que entendible que le genere una cierta perplejidad. Son sus costumbres -y cuando se dice sus se dice de la familia completa- las que lo alejan de lo que puede digerir&#8230; Cómo es eso de que todos lo Domingos la iglesia?. Su hermana mayor, Laura, le provoca una mezcla empalagosa de sentimientos que todavía no está preparado para discernir, intuye que en gran parte la responsabilidad es de sus pechos, faros que le anuncia un mundo que se le avecina y que le provoca ansiedad. No son los primeros pechos que ha visto y no hay explicación para resolver el por qué estos en particular lo confunden y excitan, quizás porque es tan cercana, quizás por ese vidrio invisible que la saca de su alcance, quizás porque los Domingos y la iglesia, bah&#8230;</p>
<p>Julia y Loreto abren un chicle y lo comparten, Diego se queda mirando con una cara que evidentemente es de reivindicación contra la injusticia (Diego y Loreto son hermanos). &#8220;Pero&#8230; Yo también quería!&#8221;. Las niñas se ríen y él no sabe si ceder ante la tentación de trivializar el asunto y volver a lo suyo o quedarse indignado ante la desconsideración de Loreto, que ya se está volviendo algo más común de lo que puede llegar a tolerar&#8230; Todo esto desaparece cuando Felipe lo sorprende desde atrás subiéndose en sus hombros.</p>
<p>Arturo, frente a este gesto, se siente una vez más pasado a llevar. A esta edad poco importan las razones suficientes y los principios, el cuerpo es el que dicta la acción con su sapiencia filogenética, poco importa que los demás no comprendan las razones de su rechazo. &#8220;Felipe es seco pa escalar&#8221; le ha dicho Diego, &#8220;Las onces en la casa de Felipe son increíbles&#8221; comenta Pato&#8230; &#8220;Me cago en su cara&#8221; siente Arturo.</p>
<p>No es de perogrullo que, aunque no recuerde, haya ya soñado cómo Felipe asistía a un almuerzo familiar en la casa de la Teté y le quitaba las palabras que ella tan atentamente le dirige. Las palabras cariñosas y el plato decorado que le corresponde históricamente le ha sido arrebatado y Felipe se comporta tan acorde a la situación&#8230; Maldito niño perfecto!</p>
<p>Diego, que es particularmente atento y sensible, después de la conmoción, los dolores y esfuerzos milimétricos, capta perfectamente la expresión de Arturo y muy disimulado acomoda su cuerpo para que Felipe no tenga otra opción que bajarse de encima. Ha sido amigo de Arturo desde que tiene recuerdo disponible y no está dispuesto a arriesgar rencores, nunca ha sabido bien qué hacer con ellos. Felipe cae en sus pies elegantemente y rie, se acerca a Arturo y le pide el balón, Arturo lo mira desafiante y una vez más aparece esa tensión que cada vez estaba haciéndose más consciente para el grupo y que no podía significar nada más que problemas.</p>
<p>El universo de los niños es frágil, pero a la vez tan increíblemente fantasioso que son capaces de rellenar los agujeros con margaritas, panqueques, estrellas o mortadela. Hay tanto que se pierde con la renuncia al juego, tantas formas de manejarse que se pierden entre fotografías, recuerdos y vestigios de relaciones; tanta herencia presente que&#8230; Un golpe y un ruido sordo.</p>
<p>&#8220;Qué es lo que te pasa, tarado!&#8221;, de a poco el lenguaje adulto aparece entre los niños. Julia corre hacia la pequeña polvareda que se levanta en torno al bulto quejumbroso. Arturo no sabe qué decir, hay un entumecimiento general que le afecta hasta el pensamiento, simplemente sigue parado ahí mientras sin darse cuenta suelta el balón y balbucea. La situación le exige decir algo, pero no hay nada que realmente quiera decir, el imbécil se lo merecía, así que se queda tal como está mientras Felipe se incorpora en un codo y lo mira desde el suelo sobándose la mejilla con el otro brazo. Él golpe lo sorprendió y todavía no atinaba con el motivo que explicara por qué debía él estar sangrando adolorido si desde que llegó -hace dos meses ya- sólo había querido hacerlo lo mejor posible para no sentir tan duro el impacto de haber cambiado de vida, y sentía que lo estaba logrando, sentía cuando se acostaba que la vida (cosa nebulosa para un niño de tan poca historia) era tal como su mamá le decía, y que si uno es bueno y atento con las personas entonces no tendría nada que temer&#8230; &#8220;Amigos se hacen en todas partes&#8221; le decía, pero a él le costaba mucho creer.</p>
<p>&#8220;Felipe, a comeeeeer!&#8221; gritaba Laura desde el balcón, en el palafito verde. El sonido, que le llegaba por la espalda, le pesaba a Arturo como una sentencia. Todo estaba enredado y lo único que captaba era un tufillo a equivocación, una nube invisible que le nublaba la vista y lo hacía temer. Moviéndose con una calma que no reflejaba para nada lo que sentía, recogió la pelota que descansaba en la cuneta y se fue a su casa para no volver a salir en toda la noche.</p>
<p>Y después de comer y no hablar una palabra de lo sucedido con su familia que, como de costumbre, prácticamente gritaban sobre la mesa, Arturo mira fijamente los ojos de su reflejo en el espejo mientras se lava los dientes, tal como lo ha hecho muchas veces, practicando una mirada intimidatoria que le confirmara el poder que deseaba tener, sólo que ahora no era un ensayo, no era un juego, Arturo se miraba con rabia y el cepillo dañaba su boca voluntariamente, arengando su odio.</p>
<p>Otra cosa que naufraga en el pasado: el odio, los cráneos triturados, los peluches mordidos y las paredes rayadas. Los alaridos, las pataletas, las piedras lanzadas y los golpes a lo que se cruce sin explicación póstuma. Arturo ebullía y esa noche soñó con muerte, soñó que ahorcaba a Felipe con sus propias manos.</p>
<p>Los implicados terminaron siendo mejores amigos, pero los cuervos comeojos siguen rondando las noches de Arturo, tal como las de cualquier niño que quiere ser bueno y debe exorcizar a sus demonios para poder vivir suficientemente feliz, para encontrar a sus Lauras y no dañarlas con deseos de placentero sadismo, inseparable del sexo intenso y condimento perfecto para un amor duradero.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>XXIII</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 02:21:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marko Bremer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literario]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[cariño]]></category>
		<category><![CDATA[deuda]]></category>
		<category><![CDATA[prohibición]]></category>
		<category><![CDATA[tibieza]]></category>
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		<description><![CDATA[Nos vamos a volver a ver? Nos queremos volver a ver? Si queremos estar juntos vamos a estar juntos! Ojalá fuera así de simple, aunque quizás sí lo es y nos estamos salvando, como me dijiste esa vez, salvándose de una vida desordenada e intensa, en donde los dolores son nauseabundos y las alegrías brillantes. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Nos vamos a volver a ver? Nos queremos volver a ver? Si queremos estar juntos vamos a estar juntos! Ojalá fuera así de simple, aunque quizás sí lo es y nos estamos salvando, como me dijiste esa vez, salvándose de una vida desordenada e intensa, en donde los dolores son nauseabundos y las alegrías brillantes. No es sencillo, el amor nunca lo es, no crees?</p>
<p style="text-align: justify;">Tu ausencia burbujea como la vida misma y yo me tengo que debatir entre saborear la nostalgia, fría como puñal, y aceptar el olvido, frío como decepción&#8230; Ese es el dilema. Haciéndome el loco cuando puedo, cayendo abatido cuando no. Mis amigos me miran y se apiadan, hacen lo posible por acompañarme, pero creo que eso sólo lo hace más difícil porque es constatar una vez más que el dolor uno se lo mama solo.</p>
<p style="text-align: justify;">Un dilema es un problema que puede resolverse mediante dos soluciones, ninguna de las cuales es completamente aceptable. Hasta el momento lo único que he podido hacer es dejarme arrastrar por el tiempo y dejar que te conviertas en un símbolo que huele peligrosamente a recuerdo y fantasía, una brasa escondida detrás de una capa de ceniza, perfectamente capaz tanto de apagarse tranquilamente como de desencadenar el más terrible de los incendios. Hasta el momento sólo quiero mantener la brasa tal cual y esperar en una posición que va a terminar por llenarme de calambres el alma, dejarme entre dos planos, vivir un poco muerto, pagar el precio que debe ser pagado, dejar la deuda pendiente a ver si alguna vez logr(am)o(s) activar una vez más el circuito interrumpido del encuentro con una tibieza que está siempre esperando, que sólo espera tierra fértil y disposición&#8230; Ambas cosas no coinciden tan a menudo como para dejar que la brasa se apague.</p>
<p style="text-align: justify;">Acepto entonces caminar goteando sangre y buscar repetir ese amanecer, pasar frío para encontrar la tibieza ahí donde sé que la encontraré si la tierra sigue fértil y las manos dispuestas.</p>
<p style="text-align: justify;">La experiencia de no poder amar: Todavía te debo un helado&#8230;</p>
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		<title>Koan?</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Dec 2011 18:20:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marko Bremer</dc:creator>
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		<category><![CDATA[esto]]></category>
		<category><![CDATA[koan]]></category>
		<category><![CDATA[maravilloso]]></category>

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		<description><![CDATA[-Esto va a ser maravilloso para tí! -¿Qué cosa? -Esto!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">-Esto va a ser maravilloso para tí!</p>
<p style="text-align: center;">-¿Qué cosa?</p>
<p style="text-align: center;">-Esto!</p>
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